200 años de Federico Engels, maestro del proletariado mundial

Este 28 de noviembre se cumplen 200 años desde el nacimiento de Federico Engels, gran maestro del proletariado mundial, cuyo ejemplo y obra han trascendido en incontables generaciones de comunistas y trabajadores. Su agudo pensamiento y su vasta sabiduría resuenan en nuestro presente de lucha por la superación del capitalismo, hoy en su forma imperialista y neoliberal. Su genio invaluable nos enseña la vía socialismo científico hacia el comunismo y la plena emancipación de la humanidad.

«¡Trabajadores! (…) Muchas pruebas os esperan aún; manteneos firmes, no os desalentéis, vuestro éxito es seguro y cada paso adelante, por la vía que tenéis que recorrer, servirá nuestra causa común, ¡la causa de la humanidad!».

Engels, F. (2019). La situación de la clase obrera en Inglaterra.

Habiendo nacido en el seno de una familia acaudalada de industriales del algodón, en la entonces metrópolis productiva de Berman, Prusia, fue obligado a dejar sus estudios secundarios para trabajar como aprendiz de la firma comercial de su padre. Nunca cerró sus ojos a la realidad y desde su juventud escribía bajo seudónimo sobre los padecimientos de los obreros de las fábricas que bien conocía. Enrolado en el Ejército Prusiano, es destinado a Berlín, donde aprovecha a asistir a algunos cursos universitarios, adentrándose en la filosofía hegeliana, de la cual toma la médula dialéctica, método revolucionario de comprender la realidad.

Es entonces que sus publicaciones incendiarias sobre la clase trabajadora lo llevan a conocer a Carlos Marx, quien sería su compañero revolucionario en adelante. Esta joven carrera de insurrección lo lleva a tener problemas con su padre, quien lo envía a trabajar en Manchester, Inglaterra, pensando que ello podría mermar su ímpetu. No podía estar más equivocado. En el capitalismo desarrollado inglés, Engels ve día a día el sufrimiento de los trabajadores, pero también encuentra algo más. Federico pasa años recorriendo los barrios populares, conociendo todo sobre el proletariado, tanto en lo escrito como en la palabra de estos mismos, consignando en papel todo lo que ve, no como un simple estudio, sino como un manifiesto de la semilla de lucha revolucionaria y emancipadora que germina en los explotados.

En 1844 rompe finalmente con el idealismo hegeliano con «La Sagrada Familia», reconociendo que la visión dialéctica debe ahora volcarse al materialismo para transformar la realidad, dejar de pensar en ideas abstractas y observar, estudiar y analizar la realidad concreta que se tiene al frente, tal como él la vio toda su vida. En 1845, su libro «La situación de la clase obrera en Inglaterra», recopila toda la experiencia recaudada por su exhaustiva investigación e integración a la vida misma de la familia proletaria.

El desarrollo intelectual de Engels es veloz y prolífico. En 1846 puede escribir junto a Marx «La Ideología Alemana», gestando las tesis fundamentales del materialismo dialéctico e histórico, forjando el lente por el cual los revolucionarios podemos entender y transformar el mundo. Resuelve entonces que es necesario organizar las fuerzas del movimiento obrero bajo un programa común, una ideología libertadora que encierre la clave para superar los problemas fundamentales del capitalismo. Realiza varios apuntes, responde diversas cuestiones, publicando en 1847 los «Principios del Comunismo», para al año siguiente, en colaboración con su camarada Marx, el Manifiesto Comunista, panfleto que inspirará a millones de trabajadores hasta nuestros días.

Poco después la convicción de Engels sería puesta a prueba. El mismo año del Manifiesto, en 1848, estalla una ola revolucionaria en París que se extendería por toda Europa. La burguesía buscaba acabar de una vez por todas con el absolutismo de la nobleza para tomar plenamente el poder político y económico, pero grandes capas del proletariado sabía que debía ir más allá. En este bando se encontraba Engels, quien, tras ser censurado y haber presenciado el exilio de Marx por parte del régimen prusiano, toma las armas y lucha en fervorosas batallas, poniendo al servicio de las masas su conocimiento militar. Lamentablemente, aún los trabajadores no habían acumulado suficiente fuerza, conciencia y organización. Tras refugiarse en Suiza, regresa a Manchester a reintegrarse a la administración industrial, donde dedica todo su esfuerzo y recursos a analizar los acontecimientos de su tiempo y pulir la doctrina marxista del socialismo científico y el materialismo dialéctico e histórico.

El trabajo intelectual de Engels se extendería a nuevas áreas y a más altos niveles. Minuciosamente lee los acontecimientos de 1848 y del movimiento revolucionario mundial, en tanto mantiene una comunicación constante con Marx, a quien ayuda económicamente para permitirle poder mantenerse en la hostilidad de una sociedad que no tiene cabida para pensadores revolucionarios como él. Los conocimientos directos de la economía capitalista de Federico son esenciales para Marx al escribir El Capital, obra monumental y esencial para la comprensión del sistema capitalista. En 1864, es fundador, junto a Carlos Marx, de la Internacional, organización que busca unir a los movimientos obreros de diversos países en la causa común del socialismo y el comunismo, que se ve degradada por diferencias irreconciliables con el anarquismo. Sus planteamientos respecto a la filosofía, la ciencia, la economía, la política, la naturaleza y la sociedad en general lo llevan a entrar en polémica con diversos pensadores a quienes enfrenta contundentemente en obras como el Anti-Dühring, obra que a su vez sería una piedra angular de la visión materialista del mundo, que traza la cancha entre quienes se mueven hacia una sociedad superior y quienes están anclados al inmovilismo, al encadenamiento al trágico presente. La Comuna de París, intento revolucionario de su época, le demostró la necesidad del Estado revolucionario y la dictadura del proletariado, de la conquista y ejercicio del poder por las grandes mayorías, para la realización y supervivencia de la revolución, cuestión que calaría hondo en los movimientos populares y determinaría su posibilidad de éxito en la construcción del socialismo.

No bastaba con decirse socialista. Engels realiza una tajante separación entre el socialismo utópico y científico en 1880. Este último, forma superadora del anterior, podía efectivamente elevar las condiciones materiales y la vida misma de la clase trabajadora, alzarlos a su liberación. La adecuada comprensión de la economía, del desarrollo de las fuerzas productivas y las condiciones materiales, sin idealismos, ni engaños o meras abstracciones, es el legado que nos este gigante del pensamiento comunista. Esto también implica la constante lucha por transformar dicha realidad, razón por la cual dedica toda su vida a la organización de la clase obrera internacional, siendo parte de un nuevo intento de unir a los proletarios del mundo: La Segunda Internacional.

Tras la muerte del honorable Carlos Marx, Engels retoma el trabajo no finalizado de aquel entrañable camarada, reeditando y expandiendo sus obras, y persiste en sus incansables esfuerzos por la revolución. Sus estudios llegan a nuevas respuestas, a encontrar el origen del Estado, del patriarcado, de la propiedad privada, un conocimiento gigantesco entregado al motivo de toda su carrera, a los trabajadores.

Cuando Engels fallece el 5 de agosto de 1895, se va un grande la vida terrenal, para pasar a la eternidad del movimiento popular y proletario. Sus cenizas se van con el viento del Cabo Beachy como había solicitado, pero su memoria y legado permaneció hasta este día. Como comunistas, no podemos sentir menos que profundo respeto y admiración por nuestro camarada y maestro Engels, tal como lo han hecho nuestros antecesores. Defenderemos fervorosamente su legado y recurriremos a él cada vez que necesitemos una guía en estos tiempos de batalla campal por nuestra dignidad.